Balzac

Escribir sobre uno de los mejores escritores de la literatura universal podría resultar paradójico, pero siempre necesario. Hablar de Honoré de Balzac y de su literatura magistral es algo que debería hacerse más a menudo, por eso en Qualitas Auto hemos pensado que el 215º aniversario de su nacimiento puede ser el pretexto perfecto para recordar a uno de los mejores retratistas de la sociedad francesa. El realismo de sus novelas fue como limpiar el cristal de una ventana a través de la cual observar, de forma directa, la vida y las gentes de la Francia del siglo XIX. Allá va este sentido homenaje a su vida, anécdotas y curiosidades que hoy le traemos en nuestro artículo del tema de la semana.

De Balzac, un apellido falso… ¿como su padre?

¿Sabía usted que la familia de Balzac (Tours, 20 de mayo de 1799 – París, 18 de agosto de 1850) no tenía el apellido por el que hoy se conoce a este universal autor? Se cuenta que el padre de Balzac, Bernard-François Balssa, un hombre procedente de una familia pobre que trabajaba en el campo tenía entre ceja y ceja el objetivo de mejorar en la vida. Empeñado en esto, Bernard se trasladó a París, donde buscó trabajo pese a que tenía una educación muy básica (la que le brindó su tío, que era sacerdote), encontró un hueco como funcionario del Consejo Real. Pese a tener un modesto puesto de trabajo, el padre de Balzac a menudo afirmaba que era secretario de este Consejo Real o incluso “abogado del rey”. Lo único cierto era que estas afirmaciones las hacía Bernard para ser mejor visto socialmente. Además, dentro de su plan para medrar en la vida, Bernard se cambió el apellido, pasando del Balssa a Balzac argumentando un extraño parentesco con una familia aristocrática que “curiosamente” (y oportunamente) se había extinguido. Años más tarde, Bernard añadió a su apellido el “de” que era indicativo de la aristocracia. Sin embargo, pese a estas estratagemas del padre de Balzac, el hecho de haber estado bien relacionado y ser trabajador le valió para conseguir su objetivo: Un alto puesto en la sociedad al ser nombrado intendente, administrador o secretario en varios puestos importantes al servicio de nobles y del ejército galo.

Una infancia en el “exilio”

No se puede decir que Honoré de Balzac tuviera una infancia fácil. La madre de Honoré, una mujer que era 30 años más joven que Bernard-François tenía cierta antipatía por su hijo. ¿El motivo? Un año antes de nacer Honoré, había muerto el primogénito de la familia con sólo un mes de edad. La madre sufrió tanto que parecía que había jurado no volver a querer a sus futuros hijos. Por ello Honoré vivió sus 4 primeros años de edad fuera de su hogar, atendido por nodrizas y más tarde siendo internado en un severo colegio de Vendôme. Las fugaces visitas a sus padres eran contactos fríos, como si se tratara de una pareja de extraños. Es por ello que bien podría decirse que de Balzac tuvo una infancia en el exilio.

Pero no acabarían ahí las penurias de la infancia de Balzac. Estando en el internado de Vendôme (donde estaría hasta los 15 años), el joven de Balzac no tendría vacaciones, además su madre le enviaría poco o ningún dinero pese a que eran de clase acomodada. El hecho de no tener dinero le valió a Honoré la burla de sus compañeros de internado. Por otro lado tampoco puede decirse que en su juventud el futuro genio de las letras fuera un buen estudiante, con lo que era frecuentemente castigado e incluso recluido en una celda. Su madre se erigiría años más tarde como una figura que ejercía una presión excesiva sobre el bueno de Balzac. La presión fue tan grande que pasó por la cabeza del literato la idea del suicidio arrojándose al río Loira. Fue matriculado en La Sorbona, donde su familia trató que hiciera carrera como abogado. Pero de Balzac no se veía el resto de sus días en un bufete y sí como autor literario, su verdadera pasión, así que contraviniendo las órdenes de sus padres se mudó definitivamente a París.

la sorbona Paris.

La Sorbona, universidad de París donde a duras penas De Balzac se licenció en Derecho. Foto: Wikimedia Commons.

De Balzac: Trabajo y trabajo

La llegada de de Balzac a París en 1819 fue un momento duro. Apenas tenía dinero para comer y los 2 primeros años fueron de penurias. Escribió una de sus primeras obras, “Cromwell” (1920), un texto en verso que ciertamente no era de mucha calidad. Tras varios intentos fallidos de colocar su obra, un profesor de literatura amigo de la familia le aconseja que se dedique a la prosa en lugar de al verso. Lógicamente esta respuesta hizo que de Balzac cayera en el desánimo, sin embargo, mostrando mucho tesón, el de Tours siguió trabajando. Llegó a publicar hasta 3 novelitas de folletín de las que no estaba muy orgulloso, tanto que utilizó pseudónimo. Nuestro protagonista trabajaba escribiendo textos que no le apasionaban pero lo hacía para comer, para con el tiempo poder dedicarse a lo que él consideraba “su literatura”. De esta forma de Balzac fue un escribiente para otros que aceptaba casi cualquier encargo, algo que podía permitirse debido a su enorme capacidad de trabajo.  Un escritor como Stefan Zweig llegaría a decir de este periodo de Balzac que “vendía su alma al mejor postor”.

¿Y cuál era el truco de Balzac para escribir tanto? El escritor trabajaba siempre 15 horas por jornada (y por la noche), momento en el que no era molestado por nadie. No se dormía porque bebía cantidades ingentes de café solo. Este estado de tensión y de casi hiperactividad puede ser el origen de una de las características literarias de de Balzac: La gran cantidad de datos en sus novelas sobre los personajes, los lugares y cualquier elemento que aparezca en ellas.

busto de balzac por rodin

El éxito le llegaría más tarde a de Balzac, que incluso fue retratado por el famoso Rodin. Foto: Wikimedia Commons (dominio público).

Mal emprendedor

Los muy numerosos encargos que aceptaba de Balzac le valieron para ganar bastante dinero como literato a sueldo. Sin embargo parece que la ambición del padre vivía en las venas de de Balzac, y es que al escritor no le valía con los ingresos de la literatura, por lo que se embarcaba en extraños negocios que siempre fracasaban, lo que le costaba la ruina a Honoré y tener que volver a empezar de nuevo, salvándole siempre la literatura.

Uno de estos negocios malparados fue la edición de las obras completas de los escritos de La Fontaine, en 1825. El problema fue que como estrategia comercial, de Balzac pensó que como en las casas de la Francia del siglo XIX apenas habría espacio para los cerca de 20 tomos que componían la bibliografía de La Fontaine, podría achicarse la letra y condensarlo todo en un único tomo. El resultado fue un desastre: La letra resultante de meter 20 tomos en uno solo era tan pequeña que resultaba casi ilegible. De los 2.000 libros que se editan se consigue vender unos 20. También es recordada su compra de unas minas de oro en Cerdeña, en las que efectivamente no había nada de oro.

Sociólogo Balzac

Se podría decir que Honoré de Balzac fue un estudioso del ser humano. A la sociedad francesa la fotografió con precisión en sus novelas, sobre todo en su obra magna “La Comedia Humana”, una serie de varias decenas de novelas donde Balzac estaba empeñado en hacer (según sus propias palabras) “la competencia al registro civil de Francia”. En esta serie de libros, entre los que se incluye la exitosa “La piel de Zapa” (1831) ocurre por primera vez algo hoy en día muy habitual en la literatura: Es la primera vez que un autor utiliza dos veces a sus personajes de una novela anterior, incluyéndolos en el nuevo libro y respetando la historia. Otra anécdota fue que “La piel de Zapa” le valió a de Balzac para encontrar al gran amor de su vida. Ewelina Hańska, una condesa de origen polaco quiso ponerse en contacto con el autor tras haber leído la novela, primero de forma anónima por carta (firmadas como L’Etrangére, La Extranjera), y para permitir a Balzac contestarle, le sugiere que ponga una serie de crípticos anuncios en la Gazette de France y l’Observateur. Un romance prohibido -la condesa estaba casada- que se inició con un misterio digno de novela.

Víctor Hugo pronunció las siguientes palabras para despedir a Honoré de Balzac, que falleció tras una larga enfermedad:

“A partir de ahora los ojos de los hombres se volverán a mirar los rostros, no de aquellos que han gobernado, sino de aquellos que han pensado”.

Honoré de Balzac hizo pensar a la sociedad francesa y siempre mostró un espíritu inquebrantable y una voluntad de trabajo digna de admirar. Estas virtudes, además de su larga obra literaria son aplaudidas por el mundo y Qualitas Auto no es menos. Esperamos que haya disfrutado de la lectura.

Rafa Castro
Escrito por Rafa Castro

Guionista y publicista 2.0. Social Media Engagement & Community Manager. Aficionado al deporte, a los coches y a la automoción. También cine y series. Curioso por naturaleza, tecnológico declarado.

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