Pierre-Auguste Renoir. Dominio público. Wikimedia Commons

Ya sabe que en Qualitas Auto apreciamos el arte de las cosas bien hechas. La clase, el estilo, la sofisticación de los pequeños detalles, pero también el gusto por el arte son algunas de nuestras señas de identidad que reflejamos en nuestro propio compromiso de calidad. Por eso siguiendo una línea de compromiso con la estética, en este mes de febrero iniciamos con el gran Pierre-Auguste Renoir una serie relacionada con los más grandes pintores de todos los tiempos. Analizaremos su obra, sus cuadros más famosos, su vida y curiosidades, todo ello con el sello Qualitas Auto y acercando el conocimiento a todo aquel que quiera empaparse de él. Esperamos que le guste.

cuadro de Renoir.

El “baile de Moulin de la Galette” es quizá la obra más famosa de Renoir. Año 1876. Óleo sobre lienzo. Foto: Museo de Orsay. Renoir. Dominio público Wikimedia Commons.

La vida impresionista de Renoir

La elección de Pierre-Auguste Renoir para iniciar en febrero esta serie dedicada a los grandes genios de la pintura no es casual, ya que Renoir nació un 25 de febrero de 1841. Este artista es uno de los máximos exponentes del Impresionismo, y sus obras se pueden admirar en las más importantes galerías de todo el mundo. Este pintor francés nacido en Limoges fue hijo de un sastre que junto a su esposa y prole (Renoir tenía 3 hermanos), decidió trasladarse a París para aumentar sus ganancias… cosa que no sucedió.

Siendo sólo un niño de 7 años en la capital parisina, Renoir destaca enseguida en las artes de dibujo… y canto (llegó a estar en el coro de la Iglesia). Los márgenes de sus cuadernos del colegio se llenaban de bocetos y dibujos de todo lo que veía, y pese a que parece que el joven Renoir se empezaba a decantar más por el canto que por el dibujo, su padre decidió que fuera hacia las artes plásticas donde iniciara su carrera. ¿Debemos agradecerle al padre de Renoir, por lo tanto la existencia de los cuadros de su hijo? No exactamente, puesto que Leonard Renoir quería que su hijo pintara… pero no cuadros, sino porcelanas decorativas (de gran tradición en su Limoges natal). Por suerte el genio de Renoir hijo haría que surgiera el gran pintor que ha pasado a la historia.

De tazas a dejar de comer

Renoir no tardó en convertirse en un experto decorador de porcelanas donde llegó a dominar el estilo floral. Uno de sus primeros trabajos fue cuando entró de aprendiz en un taller de decoración de cerámicas. Allí tuvo que pintar el rostro de Maria Antonieta en una colección de tazas que luego saldrían a la venta. Estos encargos más “comerciales” los realizaba Renoir mientras iniciaba su verdadera obsesión, la pintura en lienzo. La pasión por la pintura de Renoir era tan grande que en los descansos para comer de su trabajo se escapaba al museo del Louvre para copiar y dibujar a los grandes maestros de la pintura: Tiziano, Tintoretto, Velázquez, Rubens… Su admiración por los clásicos y los pesos pesados de la pintura es algo que le acompañará a lo largo de su carrera. Más tarde ingresó en la Escuela de Bellas Artes de París. Sin embargo lo estricto de la educación académica no gusta demasiado a Renoir, por lo que abandona la Escuela de Bellas Artes y se inscribe en unas clases de pintura particulares en las que conoce a uno de sus mejores amigos: El también gran pintor Claude Monet.

Impresionismo incomprendido

Entre abril y mayo de 1874,  Renoir, junto con unos colegas y amigos realizaron una exposición de sus obras, aportando un estilo fresco que rompía con todo lo anterior. A la muestra asistieron 3.500 visitantes que no supieron comprender el arte pujante de los Pissarro, Cézanne, Monet, Sisley y el propio Renoir. Los críticos fueron muy duros con esta muestra, uno de ellos, en una revista, llamó de forma despectiva a este grupo de pintores con el calificativo de “impresionistas” cogiendo de referencia el título de un cuadro de Monet. Sin embargo el nombre de impresionistas gustó a estos pintores, que a partir de ese momento pasarían a llamarse de esa forma. La vida de Renoir transcurriría entre exposiciones en las que su estilo, que modificó varias veces (como todos los genios), fue siendo paulatinamente aceptado por público y crítica. El maestro acabaría sus días un 3 de diciembre de 1919 en Cagnes. Murió como había nacido, pues lo último que pidió fue un lápiz para dibujar flores.

El estilo inocente de Renoir

Renoir era un pintor de lo íntimo, del momento de bienestar personal. Su pintura no deja de encerrar cierta inocencia clásica, como la del alumno que lo quiere aprender todo, y juega con imágenes mentales que derivan en los colores, haciendo uso de la sinestesia pictórica.

Lisa cosiendo

Lise Tréhot fue la musa de Renoir. Aquí la vemos en “Lise cosiendo” (1866). Óleo sobre lienzo. Foto: Museo de Arte de Dallas. Renoir. Dominio público Wikimedia Commons.

“Pongo ante mí el objeto tal y como yo lo quiero. Entonces empiezo y pinto como un niño. Me gustaría que un rojo sonara como el tañido de una campana. Si no lo consigo la primera vez, tomo más rojo y otros colores, hasta que lo tengo”. Renoir.

Sus trazos cortos, que se unen formando contornos difuminados parecen estar envueltos en esa neblina que empaña la mente de los recuerdos. Por eso los cuadros de Renoir están empapados de una pátina, que más que pátina puede ser llamada halo, un aura de memorabilidad ganada con el paso del tiempo.

UN INCISO: Esa niebla de Renoir no debe ser confundida con la niebla que puede aparecer en días fríos. Si hace mal tiempo podemos encontrarnos en la carretera con situaciones adversas. Por eso le presentamos estos consejos antiniebla para conducir con toda seguridad.

La temática de los cuadros de Renoir

La mujer en la obra pictórica de Renoir está siempre muy presente de muchas formas. Desnudos, escenas cotidianas como puede ser bañarse, o cepillarse el pelo. No obstante lo que más trabajó cuando decidió dar clases privadas fue el desnudo femenino. Por supuesto un autor tan prolífico como el francés no dejó de pintar bodegones o paisajes de ciudades, pero quizá el tema por el que más se recuerda al gran Renoir sea ese tiempo de ocio de la sociedad parisina, bailes, cafés, reuniones festivas, y escenas al aire libre que podríamos contemplar un domingo donde la gente sonríe, las damas van vestidas con sus mejores trajes y se baila y bebe café. Además su impresionismo colorista ayuda a esta sensación de día estival, o de primavera en el que las obligaciones se olvidan por un momento, reportando al espectador una muy apreciada paz.

cuadro impresionista de Renoir

Los placeres cotidianos y festivos, muy presentes en la obra de Renoir, se aprecian en “El festín de remeros” (1880/1). Óleo sobre lienzo. Foto: Colección Phillips. Renoir. Dominio público Wikimedia Commons.

El arte es algo subjetivo. La interpretación de una obra pictórica, de una escultura o de una novela es un acto íntimo entre el espectador y la propia obra. De esta forma la obra, que se inició tal vez hace siglos a manos de su autor, se completa cuando el público la contempla y la disfruta. Algo parecido sucede en el mundo del motor. Un coche es fabricado en serie, se le dota de la última tecnología, el diseño más innovador y todo tipo de prestaciones y acabados. Pero no es hasta que su propietario se pone al volante del coche cuando la “obra” está completa. Después de todo los coches se hicieron para rodar, y para que sus usuarios los disfruten. Y si quiere disfrutar sin tener que preocuparse por nada más que de la carretera, le invitamos a que conozca los seguros  Qualitas Auto. Verá que tenemos todas las coberturas que necesita para su total tranquilidad.

Rafa Castro
Escrito por Rafa Castro

Guionista y publicista 2.0. Social Media Engagement & Community Manager. Aficionado al deporte, a los coches y a la automoción. También cine y series. Curioso por naturaleza, tecnológico declarado.

    4 comentarios

  1. Payesa 13/02/2014 at 5:06 pm Responder

    Interesante. No sabía que hablabais de estas cosas. Lo de que murió pintando flores es precioso.

Escribe un comentario